Ella lo sabía, lo entendía, pero aún así, lo evitaba. No hacía mucho que aquello había ocurrido, pero aún le dolía muy adentro. Sabía que había fallado, que lo había estropeado...
Todos sabemos que hay veces en las que los sentimientos pueden, que los momentos nos superan y que dejamos de lado la sensatez y la coherencia y nos dejamos llevar por una determinada situación.
Ella no quería haberlo hecho, no le gustaba la sensación de haber acabado con todo, la sensación que le producía el hecho de haber roto su propia confianza, aunque ningún dolor era comparable al que le embargaba cuando pensaba que podía perderlo todo.
Él apareció un día sin más, uno de esos en que crees que nada mejor puede ocurrir, un día de esos en que tus sentimientos son claros y fuertes, uno de esos en los que puedes asegurar al 100% que no cambiarias nada a tu alrededor. También es cierto, que como ya he dicho antes, ella lo evitaba, sabía que aquello no estaba olvidado, que la herida no estaba cerrada, que un mal momento una sonrisa, una mirada o un gesto podrían tirar su mundo abajo, y como era de esperar así sucedió. Hacía ya un tiempo que no se veían, que no se hablaban, que no sentía el cosquilleo de su respiración en la nuca, que no sentía sus manos acariciando delicadamente su espalda, que sus labios no se encontraban...
Ella,había sido fuerte, quizás demasiado pero de nada le había servido y se estaba dando cuenta.
Él aparecío como siempre, sonriendo y sin parar quieto. Casi disimulando la miró y después de mucho tiempo sus ojos se volvieron a encontrar, y ella sintió romper su pequeña burbujita de cristal, aquella en la que había entrado para olvidar, para poder seguir, para ser feliz.
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